Diana Vreeland la empujó delante de una cámara, y así le puso cara al “terremoto juvenil” de los años sesenta. Visconti y Kubrick le garantizaron la posteridad. En albornoz y a la luz de las velas, la leyenda repasa su vida en su riad de Marrakech.
Diana Vreeland la empujó delante de una cámara, y así le puso cara al “terremoto juvenil” de los años sesenta. Visconti y Kubrick le garantizaron la posteridad. En albornoz y a la luz de las velas, la leyenda repasa su vida en su riad de Marrakech. Vanity Fair España