Puede revolucionar el mundo laboral, la salud y la lucha contra la crisis climática. Pero también corre el riesgo de agravar las ya profundas desigualdades entre el Norte y Sur global y de concentrar aún más el poder en manos de unos pocos. Por eso, el futuro de la IA empieza por la protección de los derechos humanos.
Puede revolucionar el mundo laboral, la salud y la lucha contra la crisis climática. Pero también corre el riesgo de agravar las ya profundas desigualdades entre el Norte y Sur global y de concentrar aún más el poder en manos de unos pocos. Por eso, el futuro de la IA empieza por la protección de los derechos humanos.