Justo antes de que el mundo entero aprendiese a pronunciar su apellido, Max Aguilera-Hellweg, un joven fotógrafo que trabajaba de asistente de Annie Leibovitz, retrató a Schwarzenegger en todo su esplendor: untado en aceite y reluciente.
Justo antes de que el mundo entero aprendiese a pronunciar su apellido, Max Aguilera-Hellweg, un joven fotógrafo que trabajaba de asistente de Annie Leibovitz, retrató a Schwarzenegger en todo su esplendor: untado en aceite y reluciente.