El arte de recibir no tiene secretos para el interiorista, experto en el sutil arte de la improvisación y el respeto al protocolo. “Una cuestión de sentido común”, advierte. En sus reuniones solo hay dos cosas prohibidas: la cursilería y la luz blanca.
El arte de recibir no tiene secretos para el interiorista, experto en el sutil arte de la improvisación y el respeto al protocolo. “Una cuestión de sentido común”, advierte. En sus reuniones solo hay dos cosas prohibidas: la cursilería y la luz blanca.